Marcos es uno de esos chicos más que guapo atractivo, con una voz profunda y cálida y unas manos grandes y cuidadas. Con semejantes características, me fue imposible rechazar su invitación para cenar el pasado Sábado.El restaurante elegido fue un acierto (me gustan los hombres que saben sorprender con una buena mesa). La conversación aunque algo trivial, fue bastante elocuente y entretenida y los Profiteroles del postre para llorar de emoción (que ricos).
Tras un par de gin-tonics, ambos empezamos a tener la mirada brillante y el alivido subido.
-¿Te apetece dormir conmigo esta noche?, me preguntó.
Yo que soy de dormir sola y preferentemente en mí cama, no suelo aceptar este tipo de invitaciones, pero hay días que una está más suelta de lo normal y terminé aceptando.
El polvo fue bastante completo y satisfactorio, Marcos es un amante cuidadoso, intenso y experto.
Tras unas cariñosas frases de buenas noches, nos dispusimos a dormir, y al entrar en el primer trance del sueño un ronquido me sobresaltó.
- Oh dios mio, no puede ser, pensé. Pero mi suplica no fue escuchada por el altísimo. La sinfonía de ronquidos y ruidos nasales que emitía aquel hombre, solo se puede comparar con los de un rinoceronte enfurecido o una hormigonera descargando cemento. Evidentemente no pegué ojo en toda la noche. Y por mi cabeza no dejaba de rondar ese famoso dato que asegura que un alto numero de separaciones y divorcios son consecuencia de los ronquidos.
1 comentario:
Pues te entiendo perfectamente Pura, creo que casi todos hemos pasado por una experiencia similar y la verdad es que es muy duro...
Publicar un comentario