Una de las cosas que más odio en este mundo es una boda. Y no por el hecho de que la gente se case, cada cual con su vida que haga lo que quiera. Me refiero a la ceremonia, mejor dicho al posterior banquete y celebración.De unos años a esta parte, la inversión en el acontecimiento es tal, que cualquier boda, parece la coronación de “Carlos V”. Yo creo que en esto, como en tantas otra cosas, el ex presidente Aznar ha sido una pésima influencia. ¿Quien no recuerda, la bochornosa boda de su hija Anita, con ese cardo borriquero llamado “Alejandro Agag”?.
Es impresionante como se suele vestir la gente para la ocasión, y si eres familia directa de la novia o el novio, la cosa sube de nivel hasta lo inimaginable. Aún recuerdo perfectamente los vestidos de las hermanas de mi amiga Luci y en especial el de su madre, tenia tantas piedras y lentejuelas que era imposible no girar la cabeza para mirarla, por no hablar del cardado de pelo, tres veces superior al de “Pitita Ridruejo”.
Lo de las gambas y el marisco del menú, mejor ni lo comento. Lo que es capaz de hacer la gente por una cigala, (daría para hacer una tesis). Pero es el momento, en que después de unas copas de vino, algunos energúmenos empiezan a gritar, “que se besen, que se besen”, cuando se me caen las bragas al suelo por la vergüenza ajena. Podéis pensar que soy una sosa y una rancia, pero yo a este tipo de ceremonias no le veo la gracia ni el buen rollo, por ninguna parte.



